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Ghosting: Guía de Supervivencia

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El ghosting es un término inglés que viene a expresar la acción de actuar en las relaciones interpersonales como un fantasma, con la capacidad para desaparecer en cualquier momento y de manera extrema, no dando ninguna explicación ni posibilidad de tener ninguna conversación. Se puede dar entre dos personas que acaban de conocerse o formar parte de una pauta de actuación en una relación durante mucho tiempo. Es cuestión de lo que aguante la victima de este maltrato emocional o de lo que tarde en cansarse de reaparecer el fantasma en cuestión.

El ghosting es un término inglés que viene a expresar la acción de actuar en las relaciones interpersonales como un fantasma, con la capacidad para desaparecer en cualquier momento y de manera extrema, no dando ninguna explicación ni posibilidad de tener ninguna conversación. Se puede dar entre dos personas que acaban de conocerse o formar parte de una pauta de actuación en una relación durante mucho tiempo. Es cuestión de lo que aguante la victima de este maltrato emocional o de lo que tarde en cansarse de reaparecer el fantasma en cuestión.

Uno de los grandes inconvenientes que plantea este tipo de práctica, además del daño emocional evidente, es que el ghosting es altamente adictivo para la persona que lo padece. “El “fantasma” o el individuo que ejecuta esta práctica enfermiza utiliza a su víctima como suministro u objeto de deseo, donde poder canalizar toda su manipulación, consecuencia de una personalidad inmadura y carente de empatía”, explica la experta. Por ello, lo mejor es cargarse con todas las armas posibles que te blinden de sufrir este tipo de relaciones, que están a tu alcance y las explicamos aquí.

CONSEJOS PARA SUPERAR EL GHOSTING

1. Identificación.

Es la primera herramienta que necesitamos: conocer que hay una persona que ha decidido utilizar esta conducta inadecuada, dentro de su repertorio de acciones para con nosotros. Al estar informados, la sensación de angustia va disminuyendo ya que colocamos de manera precisa la atribución de responsabilidades. Aprendemos que “eso” que hace esa persona es una acción que tiene un nombre y un apellido.

2. La culpa.

Cuando “nos” hacen ghosting genera en nosotros una sensación de alta culpabilidad. Comenzamos a dudar de “si nos lo merecemos o no. Nos preguntamos qué error hemos cometido, en qué hemos fallado y en qué hemos contribuido mal como para ser “castigados” de esa manera. STOP a la culpa, no es nuestra. Distinguir entonces entre culpabilidad y responsabilidad es una herramienta. El que hace ghosting es el que provoca una situación disfuncional, y el que lo recibe es un receptor, no un culpable; tan solo es responsable de saber qué hacer con ello y poder identificar que la culpa que siente no es real y aprender a protegerse.

3. Las banderas rojas.

Cuando alguien hace ghosting, no lo hace de repente. Seguramente habíamos detectado con anterioridad algunas rarezas o conductas incoherentes y extrañas en el “fantasma”: quizá acciones relacionadas con el ninguneo, el abandono, la poca o ausencia total de priorizarnos, eran ya señales de alerta que nos estaban avisando del peligro y a las que no hicimos caso. Nunca es tarde. A partir de ahora daremos vital importancia a la intuición que saca aquella parte de nosotros a la que debemos dar prioridad mayor que a nuestro raciocinio.

4. El refuerzo intermitente.

La persona que se va de esa forma vuelve a aparecer de la misma forma o peor. El desaparecer de esta manera repentina es una agresión. Generalmente la persona que recibe este castigo es una persona empática, víctima fácil por tener una estructura emocional coherente, ser confiados y confiables, específicamente sensibles a este tipo de abandono repetitivo. Si una persona se va de esta manera, nos vamos a quedar esperando su vuelta, esperando la posibilidad de que aparezca pidiendo perdón. Independientemente de que esto ocurra o no, hemos de protegernos, cambiar nuestro discurso interno y empezar a pensar que una persona que actúa de esta manera extrema va a seguir actuando de la misma forma. Estamos siendo víctimas de un maltrato, de un “ahora sí, ahora no”, que en definitiva es un abuso de nuestra estabilidad.

5. La idealización.

Cuando hay un ghosting hay un abandono. Tras el shock que produce, tendemos a olvidarnos del daño ocasionado y comenzamos a revivir los momentos maravillosos. Esto se llama idealización, un mecanismo de defensa que nos protege de ser conscientes del verdadero daño y de la verdadera realidad. Entramos por lo tanto en un bucle de sufrimiento, echando de menos a la totalidad de ese ser amado, cuando en realidad echamos en falta lo que fue y no siguió siendo. Una buena herramienta es tener apuntada y registrada a fuego la lista de los horrores, detallando una por una las conductas disfuncionales que el fantasma hizo. Esto nos puede ayudar a disminuir el nivel de idealización.

6. Personalización.

La persona que hace ghosting, no NOS hace ghosting. Somos víctimas del abandono, del abuso y de esta agresión, sin embargo, tenemos que trabajar el no victimizarnos, para no caer en el victimismo. El individuo que hace ghosting tiene un problema, la persona que lo recibe tan solo es un instrumento para que el fantasma actúe como tal. Hemos de aprender a poner límites y no personalizar el problema.

7. Retirada de atención.

El fantasma requiere atención. Tras desaparecer, espera que le busquemos y le pidamos explicaciones. A la persona que hace ghosting hay que ignorarla, que es justo lo que no espera que hagamos (psicología inversa). Un ser que ha actuado de esta manera raramente puede estar preparado para una conversación adulta por lo que el foco no lo tenemos que poner en buscar poder comunicarnos con esa persona, sino en todo lo contrario: en la ausencia total de emoción hacia ella. La técnica de la piedra gris es una herramienta totalmente infalible; consiste en no regalar ningún tipo de emoción hacia el individuo que hizo ghosting, ni positivo ni negativo. Para ello, evitar a la persona abusiva se convierte en un escudo protector.

8. La cosificación.

Tras un ghosting, te sientes utilizado, maltratado, ninguneado, abandonado y cosificado. Sentirse una cosa es sinónimo de sentirse despersonalizado. Los “fantasmas” suelen tener muy poca autoestima y suelen tratar a los demás de la misma manera que se tratan a sí mismos. Seres carentes de empatía, con un mal manejo de su inteligencia emocional, si es que la tienen. Tienden a tratar a las personas como objetos de quita y pon. Por esta misma razón es ahora más que nunca cuando hemos de utilizar el autocuidado como técnica. La rabia y la frustración que nos genera un ghosting la podemos utilizar para destruirnos, aun más. La rabia debe estar orientada a cuidarnos más, cultivarnos más, descansar más, divertirnos más y dejarnos cuidar más y mejor, como un reto personal, como una carrera sin fondo, sin elección.

Fuente: Amp-telva.com.cdn.ampproject.org

Tras un ghosting, pensamos que quizá lo único que nos queda es vengarnos. Puede que aparezcan en nuestra mente millones de formas de revancha. Es un sentimiento lógico. Pero la mayor y mejor forma de venganza es olvidarnos de que queremos hacerlo. Hemos de elaborar nuestra particular y única lista de valores o cualidades positivas que nos diferencian de todas aquellas personas de moral dudosa. Al haber estado con personas disfuncionales, nuestra personalidad ha podido verse contaminada. Volver a recordar nuestra escala de valores nos permite tomar perspectiva.

Cuando un empático hace un descarte o ghosting es una prueba de supervivencia, para poder cortar una relación de peligro y apartarse definitivamente de esa persona dañina. Es una manera de autocuidado y de amor propio. Es la señal definitiva de que poner tierra de por medio es la única forma de finalizar el contacto con este tipo de trastornados emocionales que carecen de aptitudes mínimas incluso para poder terminar una relación sentimental de manera adulta.

Infografía elaborada por: Infografiar.com

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